jueves, 19 de marzo de 2015

Utopía: el valor de las cosas

Si una persona ciega no puede disfrutar del brillo de un diamante, ¿qué valor tiene entonces ese adorno? Ya lo decía Tomás Moro en su obra Utopía cuando hablaba de los coleccionistas de gemas y piedras preciosas:

«¡Tanto temen que una piedra falsa se imponga como buena a sus ojos! ¿Por qué, pues, disfrutar menos viendo una piedra artificial si el ojo no puede distinguirla de una auténtica? ¡Por Hércules, que tanto debieran valer una y otra ante vuestros ojos como ante los de un ciego!»

Un plato de comida alimenta tanto al ciego como al vidente, sin embargo, el diamante solo deleita la vista del segundo. ¿Acaso necesitamos para vivir diferentes cosas? ¿Acaso a los dos no nos sacia la comida el hambre, el agua la sed y las telas nos cubren del frío? Hoy me gustaría hablaros de esta maravillosa obra que Tomás Moro escribió a principios del siglo XVI para que podamos reflexionar acerca del valor de las cosas. Y es que, «ciertamente, cuando solo uno vive en el lujo y los placeres mientras a su alrededor todo son lamentos y gemidos, cuida de una cárcel y no de un reino».

Utopía es una isla ficticia creada por el filósofo británico Tomás Moro en 1516 con el fin de describir a sus lectores cómo debería ser un estado ideal. En este libro Moro trata los grandes temas que afectan a la organización y estructura de la sociedad, como el poder del Jefe del Estado, la educación, las penas a los hechos delictivos o la religión. Hoy mi interés está en hablaros del valor que los utópicos —que así se llaman los habitantes de Utopía— le confieren a los adornos materiales, con el fin de detenernos a pensar en el valor excesivo que muchas veces le atribuimos nosotros mismos a los objetos. Porque, ¿una cosa tiene valor en sí o vale lo que nosotros decidimos? Para resolver esta cuestión, recordemos la pregunta inicial: Si una persona ciega no puede disfrutar del brillo de un diamante, ¿qué valor tiene entonces ese adorno? Por tanto, los objetos materiales no valen nada por sí mismos, no tienen más valor que el que nosotros queremos adjudicarle. Ahora bien, se trata de saber proporcionarles, en muchas ocasiones, un valor adecuado y justo y no desmesurado.

Fijémonos en lo que hacían los utópicos con ciertos bienes materiales muy valorados en nuestra sociedad como el oro o los diamantes.

En Utopía el oro y la plata se emplean para hacer las vasijas destinadas a los actos más sórdidos del hogar (orinar y defecar) y para elaborar las cadenas de los esclavos. De este modo, a estos materiales se les otorga así la simbología de la indecencia y la esclavitud. «Lo que posees acabará poseyéndote» (¿habéis leído la novela El club de la lucha o visto su película?). Los vasos, platos y otros utensilios de cocina son fabricados con materiales sencillos y poco costosos como la arcilla o el vidrio. En esta isla imaginaria sus ciudadanos no buscan los minerales o las piedras preciosas como ocurre en la actualidad de nuestro mundo, donde hay grandes empresas mineras dedicadas exclusivamente a extraer estos materiales. Si se diera el caso de que, por casualidad, encontrasen algunas perlas o diamantes o cualquier gema, las pulimentan y las emplean para adornar a los niños pequeños. Estos, conforme van creciendo, al ver que únicamente los más pequeñuelos llevan dichos adornos, acaban ellos solos quitándoselos por vergüenza a parecer infantiles.

Así, por ejemplo, cuando la embajada de los anemolianos —habitantes de un país muy lejano— visitó Utopía, niños y adultos se sorprendieron tanto de ver al Embajador con tal ornamentación que acabaron por confundirle con un bufón de la embajada:

«Vierais a los niños que habían abandonado perlas y gemas, tocar con el codo a sus madres, diciéndoles al ver aquellos adornos en el tocado de los embajadores: “¡Mira, madre, aquel grandullón que usa perlas y piedras cual si fuese aún pequeño!” Y la madre respondía seriamente: “Calla, hijo mío; creo que aquel debe ser algún bufón de la embajada»

Del mismo modo, los utópicos se maravillaban de que existieran «hombres tan necios que creyeran ennoblecerse con la finura de un tejido de lana, ya que la lana de que está hecho (por fino que sea) la llevó una oveja sin que por ello dejara de serlo». Así ocurre con todos aquellos que se enorgullecen de llevar esta o aquella otra prenda fabricada de piel auténtica de animal. 

Utopía es una lectura filosófica que recomiendo a todo el mundo porque se aprenden muchísimos valores humanos, además de que es muy sencilla de leer y es bastante breve (a penas 124 páginas tiene, por ejemplo, mi edición).