martes, 16 de diciembre de 2014

Toshiro Kanamori y la educación socio-afectiva


"Para ser válida, toda educación, toda acción educativa debe ir precedida necesariamente de una reflexión sobre el hombre y de un análisis del medio de vida concreto del hombre concreto a quien uno quiere educar (o, por decirlo mejor, a quien uno quiere ayudar a que se eduque). Si falta esa reflexión sobre el hombre, se corre el riesgo de adoptar métodos educativos y formas de actuar que reducen al hombre a la condición de objeto" 
Paulo Freire

Tras ver el documental que refiero al final de este artículo, no podía no comentar la labor del profesor japonés Toshiro Kanamori, sobre todo para que aquellos que no hayan tenido la ocasión de ver el vídeo (que tiene una extensión de unos cincuenta minutos aproximadamente) puedan conocer el sistema pedagógico que propone este docente.

"¿Qué será lo más importante de este curso? Ser feliz. ¿Para qué estamos aquí? Para ser felices. Solo tenemos una vida. Tenemos que vivirla con alegría". Así da la bienvenida Toshiro Kanamori a sus alumnos en el nuevo año escolar. Kanamori es profesor de la escuela Minami Kodatsuno, que se encuentra en la ciudad japonesa de Kanazawa, donde imparte clase en el cuarto curso de la etapa primaria. En el año 2002 se realizó un documental a propósito de su ejercicio docente dado el particular y exitoso sistema didáctico que emplea para con sus alumnos. Y es que, lejos de ser el profesor convencional que cualquier alumno imaginaría, se trata de un maestro que aboga por el desarrollo de la inteligencia emocional en los centros educativos a través de actividades socio-afectivas. ¿Qué es lo primero que decimos a alguien que llora? No llores. ¿Por qué reaccionamos con una orden negativa ante esta expresión del sentimiento? ¿Por qué esa vergüenza a mostrar lo que sentimos a los demás? ¿Por qué se ha convertido "bien" en una respuesta automática a "cómo estás"? Porque nos han educado para ello. No me cuentes tus problemas que yo no te cuento los míos. Oye, ¿y por qué no?

Kanamori otorga gran relevancia a los sentimientos de sus alumnos, pues cree que para establecer vínculos entre las personas es necesario que cada uno reconozca su propia vulnerabilidad. Para ello, crea la costumbre de que cada día tres niños lean en clase una carta donde expresen algo que les haya ocurrido y que para ellos sea importante. Después, los demás deben explicar qué han sentido al escuchar a su compañero. Es un hecho impresionante ver cómo un alumno lee a los otros la muerte de su abuela y cómo se sintió en el funeral, o cómo otra alumna cuenta que años atrás se sentía marginada y por eso, aunque ahora sabía que estaban marginando a otra niña, no hizo nada al respecto porque tenía miedo de volver a ser excluida. Pero mucho más extraordinario es ver cómo una alumna, al escuchar el relato de la muerte de la abuela del niño, se atreve a hablar de la muerte de su padre, tema que no había comentado a nadie fuera del núcleo familiar, y es capaz de desahogarse delante de todos sus compañeros, los cuales se sienten conmovidos por la situación de expresión emocional que se está dando en el aula. La empatía y la solidaridad, entonces, emerge en los ojos de todos.

Esto es algo impensable en nuestras aulas. El sentimiento de vergüenza sería un obstáculo tan vasto que la gran mayoría no podría hacerlo. Lamentablemente existe un profundo rechazo hacia la exposición de los sentimientos en público, pues este acto es considerado como un símbolo de debilidad y falta de firmeza. Incluso hay quien lo concibe como una escena impúdica. Sin embargo, hay que ser muy fuerte, y muy valiente, para vencer las barreras de la timidez y atreverse a mostrarse emocionalmente desnudo. Si estos ejercicios propuestos por Kanamori se llevasen a cabo en nuestro país desde la primaria hasta, incluso, los estudios universitarios, podríamos vivir en una sociedad mucho más empática. En palabras de Martha Nussbaum*, en un mundo en el que merezca la pena vivir.

El profesor japonés llevaba dos años con esta clase, y los frutos de sus métodos educativos podemos observarlos en la situación que se da cuando Kanamori castiga a uno de sus alumnos por hablar en clase cuando no debía. Los niños llevaban un mes construyendo por grupos unas barcas que probarían ese día en la piscina del colegio, pero Yuto había estado hablando durante la clase y el profesor decidió castigarlo sin probar la barca que él y su grupo habían fabricado. Es increíble ver cómo sus compañeros salen en su defensa y señalan que el castigo es abusivo e incoherente porque no tiene nada que ver la barca con que él haya hablado durante la clase, puesto que ha colaborado en su elaboración tanto como cualquier otro. Un niño dice textualmente: "La barca es algo nuestro, no del profesor". Otra niña, incluso, llora diciendo que no es justo, que no merece eso. Es más, al final todos se ponen de acuerdo en que si Yuto no puede probar la barca, ninguno lo hará. Entonces Kanamori, orgulloso de que sus alumnos hayan sabido identificar y defender que ese castigo no era coherente ni correcto porque desvaloraba el trabajo realizado por el alumno, les reconoce que llevan toda la razón y que pensará otro modo de hacer ver a Yuto lo que ha hecho mal en clase.

Desde luego, este documental no tiene desperdicio y les recomiendo que reflexionen sobre las áreas de evolución personal que nuestro sistema educativo desarrolla, pues no solo se trata de hacer prosperar el área cognitiva, sino también la socio-afectiva. La educación se centra principalmente en la parte intelectual y cognitiva, pero la literatura no tiene por qué ser así dado su contenido humano. Los profesores de Literatura podemos servirnos de la carga emotiva de un relato para fomentar la empatía, pues leer no es sino ver a través de los ojos del autor. Debemos reducir ese carácter erudito que le hemos dado a la literatura durante años para brindarle una naturaleza más emotiva. Aprovechemos la oportunidad de darle a nuestra materia la metodología que merece y cuyos procedimientos educativos no mermen su atractivo ni su valor esencial. Démosle una buena respuesta a aquellos alumnos que nos preguntan para qué sirve nuestra asignatura. No dejemos que piensen que la literatura solo es una amalgama de nombres y fechas para memorizar, porque tú y yo sabemos que es mucho más, porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno (La poesía es un arma cargada de futuro, Gabriel Celaya).

Toshiro Kanamori perdió dos hijos cuando aún eran muy jóvenes, por lo que enseña a sus alumnos que lo más importante en la vida es ser feliz haciendo que todos sean felices. Cuando llega el último día del curso el profesor se despide con las siguientes palabras: "Todos hemos hecho lo que hemos podido para intentar entender el significado de la vida. Podemos estar muy orgullosos". Los niños, que no corrían a abrazar su deseado periodo vacacional, reflejaron en sus ojos centelleantes el dolor de despedirse de su ya amigo Toshiro Kanamori.





*Actual filósofa estadounidense que defiende la importancia de la literatura en el desarrollo de la empatía y, a su vez, la relevancia de esta para fomentar la igualdad social. Les recomiendo la lectura de su obra Sin fines de lucro.

Para ver el documental completo: