miércoles, 31 de agosto de 2016

Gonzalo de Berceo. Los Milagros de Nuestra Señora

La particularidad histórica que envuelve a Gonzalo de Berceo es que nos encontramos ante el primer poeta de nombre conocido, por lo que siempre se le ha tratado como una de las figuras más representativas del mester de clerecía. De su vida no tenemos demasiada información. Probablemente nació en los últimos años del siglo XII en el pueblo riojano de Berceo (de donde tomó su nombre) y fue un clérigo educado en el monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, como aparece en su obra.                       

Los Milagros de Nuestra Señora son un conjunto de veinticinco relatos breves (y una introducción alegórica) que conforman la obra de mayor atractivo poético de Gonzalo de Berceo. En cada uno de estos relatos nos narra los milagros efectuados por la intercesión de la Virgen o, como él suele llamarla, “la Gloriosa”. Ahora bien, si por algo se caracteriza la obra de Berceo es por su sumisión a las fuentes, aunque hemos de añadir que este, con objetivos didácticos y divulgativos, reelabora las obras y les otorga finalmente una entidad propia aportándoles un tono y estilo personal. Así pues, todos los milagros que aparecen en su obra, salvo una excepción, siguen el dictado de un manuscrito latino que es muy semejante a otro que se encontró en la Biblioteca Real de Copenhage, llamado Thott 128. De los veinticinco relatos berceanos, veinticuatro están en ese manuscrito, faltando únicamente “La iglesia robada”. Como vemos, la finalidad de Berceo no es, pues, inventar, sino divulgar.                                                                                             

La obra comienza con una introducción alegórica cargada de metáforas y símbolos que son explicados en el propio texto: la romería es el camino de la vida; el prado es la Virgen, cuya bondad sirve de alivio al dolor de sus devotos; las fuentes, los evangelios; las flores, los nombres de Santa María; los cantos, las voces de los bienaventurados, etc. 

Las descripciones de este paisaje introductorio imaginado por el poeta constituyen una de las más delicadas muestras de la literatura descriptiva medieval. Sin embargo, su inspiración y su estilo se hallan muy cerca del arte popular, pues su primordial intento era el de hacer llegar al pueblo las leyendas religiosas empleando las fórmulas expresivas a las que este estaba acostumbrado. Así pues, podemos observar en su obra procedimientos juglarescos para atraer la atención de su público: “si vos me escuchássedes por vuestro consiment”. También acude a la comicidad como recurso estilístico para obtener la benevolencia de su sencillo público. De este modo, utilizaba con frecuencia la figura de los diablos, que, por lo común, solían quedar en ridículo. En todos estos rasgos de los que se valía para acercar la obra clásica al pueblo, reside la verdadera originalidad de Gonzalo de Berceo.