viernes, 10 de octubre de 2014

Los andróginos


En su obra El banquete, Platón nos relata el hermoso mito del andrógino. El término proviene de la unión de los vocablos griegos ἀνδρός (andrós) y γυνή (giné), que quieren decir 'hombre' y 'mujer' respectivamente. Cuenta la historia que existían en la tierra unos seres llamados andróginos, que estaban formados por un hombre y una mujer al mismo tiempo poseyendo ambos órganos sexuales. Como vemos en la imagen, eran redondos, con cuatro brazos y cuatro piernas y, aunque tenían dos caras, sus cabezas se aunaban en una sola. Podían andar hacia las dos direcciones y, además, podían llegar a ser muy veloces trasladándose en forma de voltereta lateral utilizando como apoyo sus ocho extremidades. También eran seres muy fuertes y muy seguros de sí mismos, dado que podían procrear de manera independiente. 

Un día estos seres decidieron conspirar contra los dioses, puesto que se sentían muy orgullosos de su  gran fuerza e independencia. Sin embargo, los dioses no iban a permitir tal sublevación. Zeus, con el fin de detenerlos, meditó con mucha cautela qué podría hacer, pues no podía matarlos y exterminarlos porque si no se le acabarían también los honores y sacrificios que recibía de parte de los hombres,  en otras palabras, ya no tendría súbditos; pero, claro, tampoco podía permitirles que siguieran siendo  tan insolentes. Así pues, tomó la siguiente decisión: partirlos por la mitad para, en primer lugar, cesar así su desenfreno y hacerlos más débiles y, en segundo lugar, hacerlos más numerosos y, por lo tanto, más útiles para los dioses. De este modo, una vez que fue seccionada en dos partes la forma original, añorando cada uno su propia mitad, la buscaba y se juntaba con ella. Se rodeaban con  las manos y se entrelazaban unos con otros deseosos de unirse en una sola pieza. Algunos, incluso, terminaban por morir de hambre o de pura inactividad porque se negaban a hacer nada separados unos de otros. Cuando esto ocurría, cuando una de las mitades moría, la que quedaba buscaba otra y se enlazaba con ella en un ánimo de volver a juntarse. De esta manera, quedaron todos condenados a buscar por la tierra a su alma gemela.